Hotel Benidorm

Juego con el horizonte

De entre las múltiples localizaciones y tipologías de hotel posibles se elige trabajar en la ciudad de Benidorm y desarrollar un hotel en altura. Un lugar real, aunque radical y dramático, capaz de acoger a miles de turistas a la vez, ofreciendo un número de camas hoteleras como pocos otros lugares del mundo.
Una ciudad única que sin quererlo se ha convertido en paradigma de desarrollo arquitectónico sostenible, gracias a apostar por la densidad, evitando devorar territorio, ahorrando distancias en desplazamientos, concentrando y haciendo así más eficientes las instalaciones… En definitiva, agrupando a centenares de miles de personas en poco espacio y consiguiendo a su vez ofrecerles una amplia gama de ocio y variedad de formas de vivirla, empezando por una amplísima oferta hotelera y ocio para todos los públicos y clases sociales.

Benidorm tiene tantos amantes como detractores, y eso sólo es un síntoma más de su radicalidad. No puede dejarte indiferente, no es una ciudad más.

Queremos aprovechar esta peculiar localización y el carácter experimental que entendemos debe tener todo concurso de ideas que se precie para proponer un juego arquitectónico: exploremos las posibilidades plásticas de los materiales cerámicos imaginando que construimos un exclusivo hotel justo en la pequeña isla que queda enfrente de las playas y rascacielos de Benidorm. Un punto visible desde todas partes,una localización fabulosa, donde todos te ven y desde donde puedes ver a todos.

La tipología de hotel no podía ser otra: ¡una torre!, claro, estamos en Benidorm.

La isla de Benidorm destaca como el único punto visible desde cualquier lugar de la ciudad con vistas al mar. Es la referencia visual constante que no puedes dejar de mirar inconscientemente cuando tu visita se relaja intentando perderse en el horizonte azul del mediterráneo.

Es el lugar ideal para colocar nuestra torre, haciendo que todos la vean y que quieran ir a visitarla. Un reclamo sin duda irresistible para los turistas. ¡Mira!, ¡yo quiero ir allí!.

La isla, desde la costa, se ve inclinada hacia un lado, como si se estuviera hundiendo en el mar, por eso y por la gran importancia de la perspectiva visual en la localización elegida, proponemos que sea precisamente la combinación isla + torre y la forma de percibirlo desde la costa, el punto de partida para definir la forma de nuestro edificio.

Diseñamos el hotel como un gran triángulo que compensa la inclinación del peñón de la isla, haciendo que la conjunto se compenetre y complete visualmente. Nuestro edificio parece ahora una gran vela varada junto a la isla de Benidorm, como si un barco gigante se hubiera quedado congelado al intentar acercarse a la costa.

La torre no pretende mostrarse como un alarde arquitectónico excesivo con formas imposibles o utópicas que puedan restarle credibilidad a la propuesta, su forma es simple, una gran pirámide de base romboidal, que podríamos fácilmente imaginar cómo resolver su estructura y ejecución, partiendo del núcleo de comunicaciones verticales situado en la parte que alcanza más altura.

Esa simplicidad también ayuda a relacionarse de tú a tú con su contexto elegido. Benidorm no es Tokio o Dubái, dónde las torres compiten en formalismos exagerados. Los edificios de Benidorm son más discretos formalmente y abiertos, las terrazas y el disfrute de la brisa del mediterráneo, la ventilación cruzada para evitar la incomodidad que produce la gran humedad ambiental típica del levante define sin duda cómo tiene que ser la arquitectura en éste lugar.

Nuestra torre pretende adecuarse al entorno como el resto de los edificios que la miran curiosos desde la costa,no quiere ser muy distinta a ellos.

Para implementar la eficiencia climática del hotel, aparte de apostar por la densidad como estrategia mediante la tipología de torre y de elegir un entorno que gracias a permitir la edificación en altura consigue ahorrar muchísimo territorio, circulaciones, redes de instalaciones más concentradas, etc. Proponemos una doble fachada en celosía que permitirá reducir considerablemente la incidencia directa del sol en las habitaciones.

La doble piel genera un ámbito aterrazado entre la habitación y el exterior que es ideal para habitar en el clima húmedo y cálido en el que estamos trabajando. Ese espacio sirve como visera a la propia habitación, haciendo que no entre sol directamente, y tamizando la luz a través de la gran celosía de fachada.

Esta celosía permitirá que se cree una circulación de aire en torno al edificio de forma que se pueda autoventilar y refrescar reduciendo considerablemente el consumo en climatización. Siendo aparte un elemento muy estético que dará personalidad al interior del hotel.

Las habitaciones están también dispuestas de forma que se favorece la ventilación curzada a través de ellas hacia el pasillo, gracias al diseño en planta del edificio en forma de libro abierto, que siempre permitirá combatir de forma eficiente y natural el problema de la humedad mediante métodos pasivos que no consuman energía.

Para los interiores hemos buscado soluciones elegantes y con cierto toque futurista e innovador. En lugar de centrarnos en el diseño de un solo espacio como sugieren las bases del concurso, extendemos las posibilidades de los materiales de Matimex a todos los ámbitos significativos del edificio.

A pesar de la variedad de espacios, y soluciones, hemos podido no obstante mantener una línea cromática de aspecto serio y elegante, combinando los colores y acabados adecuados para cada lugar. A veces con soluciones más divertidas como en la habitación del hotel, un espacio más íntimo donde no hay porqué mantener las formas, y otras veces más serios como en la recepción, donde hay que dar una buena primera imagen de profesionalidad.

  • Estado: Concurso. Finalista.
  • Año de Proyecto: 2015.
  • Localización: Benidorm, España.
  • Superficie: 24.520 m2.
  • Diseño: OOIIO Arquitectura.
  • Equipo: Joaquín Millán Villamuelas, Ivana Mihaljevich, Denitsa Dimitrieva, Ruta Kraujutyte.
  • Cliente: Matimex.